Desde hace unos años, se da una mayor importancia a las enfermedades que trasmiten las garrapatas a los seres vivos en general, sea por un mayor conocimiento en la epidemiología de estos artrópodos o, como se estableció en el último Congreso Internacional de Enfermedades Vectoriales, que advierte al cambio climático como una de las causas relevantes del aumento de garrapatas en zonas donde antes, su presencia era poco significativa.

En Canarias, tenemos un buen grupo de garrapatas, se han contabilizado alrededor de 16 especies diferentes. De todas ellas sobresale la especie Rhipicephalus (la garrapata marrón), quizá la más común de todas, y que, al perro, puede trasmitir varias enfermedades como la Ehrlichiosis (la más frecuente), Babesiosis, Anaplasmosis, Hepatozoonosis o Haemobartonellosis (en este último caso sólo en el perro, la Haemobartonellosis felina la trasmiten las pulgas). Otras patologías son las Ricketsiosis, más habituales en humanos, o la Enfermedad de Lyme, trasmitida por la especie Ixodes ricinus, de la cual, al menos desconocemos publicaciones que la asientan en Canarias; han habido estudios sobre ello, pero sin llegar a una conclusión clara de su presencia en las islas.

La secreciones de la glándulas salivares de la garrapata constituyen la fuente de transmisión. Una vez en el torrente sanguíneo, según el tipo de bacteria, estas presentan especial tropismo por células sanguíneas, introduciéndose en hematíes, plaquetas o leucocitos, generando cuadros clínicos de diversa consideración, a veces muy graves, que pueden llevar a la muerte del animal. Su control, es siempre complejo. Entre los signos que provocan, destacamos: anemia, trombocitopenia, fiebre, sangrado nasal, adelgazamiento, hepatopatías o neuropatías.

El diagnóstico, se basa en una buena historia clínica que informe sobre las posibilidades de exposición a las garrapatas, signos clínicos, resultados hematológicos y bioquímicos, realización de frotis sanguíneos o ganglionares (aunque su presencia depende del momento de la infección), serología y /o PCR (Polymerase Chain Reaction).

El tratamiento, es diferente según la bacteria implicada, pero a modo general, se requiere tiempo, hospitalización en casos graves, muchas veces hay que recurrir a transfusiones sanguíneas para poder estabilizar al animal, y permita, a que dicho tratamiento surta efecto (aunque, desgraciadamente, a veces esto no es posible). Habitualmente, aunque el tratamiento haya sido un éxito, un alto porcentaje de perros tratados, serán portadores, con posibilidad de contagio a otros, mediante una garrapata o por mordida, o que vuelva a padecer la enfermedad si en un futuro le bajaran las defensas (los perros esplenectomizados, sin Bazo, están en alto riesgo).

Como conclusión, el camino para evitar estos problemas, es la prevención. No es sencillo, se están buscando vacunas contra algunas enfermedades, pero, por lo pronto, hay que procurar usar productos eficaces ante las garrapatas, evitar zonas de riesgo para el paseo de los animales (zonas de ganado, lugares calurosos y húmedos según épocas), revisar a los animales cuando llegan a casa y si ven alguna, eliminarlas rápidamente o, asesorarse por su veterinario.